10.2 Noticias de los proyectos de Roberto Sherley
(04.09.1619 – 06.09.1619)
[4 de septiembre] Otro dia, á las nueve de la mañana, llegó de Ormuz alli un soldado llamado Juan Carvallo Mazcareñas, con un pliego de su Magestad Catholica que le enbiaua al Enbaxador, don Luis de Sosa, capitán de Ormuz, creyendo que aun no fuese salido de Spahan, el qual despacho auia traido de España por la via de Basora un Sebastian de Figueredo, con quien desde Xiras, año y medio antes, el mesmo Enbaxador auia escrito á España á Su Magestad y otros ministros suyos.
Contenia el pliego, demás de las instruccioncs y cartas para el Enbaxador, dos cartas para el rey de Persia: una de Su Magestad y otra de don Roberto Sirley, su enbaxador en la corte de España, sobre lo que tan vanamente auia allá propuesto acerca del trato de la seda de Persia á España por Ormuz y la India, y tener su Magestad armada para cerrar la nauegacion del mar Rojo. Y pudo este honbre tanto, aunque tan poco digno de se admitir ni darle crédito alguno, con los ministros de la corona de Portugal, ayudado de un frayle carmelita llamado fray Redempto de la Cruz, que fue con él, de Persia á España, por subdelegado suyo, que sigun las condiciones que sobre las tales materias allá propuso, se concedian al rey de Persia, enbiando aquel año, cinco galeones para inpedir la dicha nauegacion. Y aunque todo esto de sí propio parecia claramente tener ningún fundamento, y auerlo escrito ansi el Enbaxador á Su Magestad desde la India quando el don Roberto llegó alli para se enbarcar á España, y después de Ormuz y Persia, se le dio tanto crédito, pareciendoles á los dichos ministros que concedidas las tales condiciones el rey de Persia restituiría á Baharen, Queyxome y la fortaleza de Comoran, por ser cosas que don Roberto auia offrecido.
Pero como las diligencias que se hazen de cerca sean por la mayor parte mas eficaces que los aduertimientos que se enbian de lexos, no atendiéndose á lo uno y lo otro con la prudencia que se rrequiere fue asentado y aprouado lo que don Roberto y el frayle ofrecieron, quedándose aquel enbaxador en Madrid y enbiando al fray Redempto en los dichos galeones para concluir con el rey de Persia lo tratado. Y por mayor breuedad, pareciendoles que el Enbaxador no auria salido de Persia, enbiaron un duplicado de los mesmos despachos por tierra á Ormuz, para que de alli el capitán los despachase á Spahan, que fueron los que en esta aldea el dicho Juan Garuallo dio al Enbaxador, el qual, aunque tenia bien entendido quan lexos estaua el rey de Persia de rrestituir cosa alguna de lo ganado del reyno de Ormuz, aviendose sobre ello rrecibido tantas rrepulsas, no haziendo el rey mención, ni querido tratar con el Enbaxador en Casbin, ni Spahan, de lo que en su nonbre don Roberto offrecia en España, antes desengañar claramente en Farabat á fray Melchior de los Angeles, diziendo que ni queria armada, ni contrato de seda, por tener pazes con el turco, con todo esto quiso y le pareció enbiar al mesmo Juan Caruallo á Spahan, escribiéndole al rey conforme á lo que de Su Magestad Catholica tenia por instruccion que tratase. Y porque en aquel dia no se podia escreuir, y parar en aquel lugar de tan mal aire y peor agua no era siguro en tan mal tienpo, determinó de continuar su viaje aquella tarde hasta Main, y desde alli despachar al susodicho, pues boluer personalmente á Persia sobre cosa tan perdida, no solo fuera temeridad, pero euidente locura.
Auia dos jornadas ordinarias de cáfila desde alli á Main, y la primera, en que se auia de pasar aquella asperísima sierra, muy larga y trabaxosa, aunque no la hazian de mas de tres leguas hasta el carauasar de Emanzada, adonde á la venida auian muerto al interprete armenio, como ya se a dicho, y de aquí quatro leguas á Main; pero con toda esta dificultad determinó el Enbaxador de caminar de una vez estas dos jornadas.
Y para esto, auiendo hecho buscar veinte honbres para que á manos pasasen la litera por la sierra, salió del aldea con mas de dos oras de sol, á 4 de Septienbre, mandando que luego siguiese la carauana con la guarda que sienpre solia venir con ella. Y aunque se caminó con buen
paso, quando se llegó á la cunbre de la sierra era ya desde aili casi noche, auiendo el Enbaxador entrado en su andor porque aunque la subida no era tan áspera como la baxada fue menester mucho antes lleuar la litera en peso.
No se halló la sierra, baxando, con la aspereza y dificultad que solia tener otras vezes, por auer pocos dias que el Chan de Xiras auia mandado que se allanasen los malos pasos, cortando y derribando grandes peñas, de manera que por esta parte, aunque solia estar tanto peor, se halló mas tractable, aunque se tardó gran rrato en llegar á lo llano, adonde el Enbaxador boluio á tomar su litera y prosiguir su camino con los hacheros que caminaua de noche, sin cuya lunbre fuera inposible auer pasada. Y aunque desde aqui al caravasar y aldea de Emanzada auia una legua se adelantaron muchos por tomar agua de aquella abundante fuente y alguna cosa que comer, no auiendo de parar hasta Main, que son otras grandes tres ó quatro leguas.
Llegaron algunos honbres, antes de enparejar con el caravasar, que enbiaua el gouernador del lugar con vnos grandes palos de lantisco, de los muchos que se crian en aquella sierra, encendidos, de manera que dauan mucha lunbre, siendo aquel árbol el que cria la almaciga, cuya rresina le daua aquella calidad, durando mucho sin gastarse, de manera que se caminó aquella noche conmodamente.
[5 de septiembre] Dos oras antes que amaneciese se llegó á Main, posando el Enbaxador en la mesma posada que quando vino, adonde estuuo aquel dia y hasta otro en la tarde [6 de septiembre] con bastante cantidad de mantenimientos, buena fruta y mejor agua de aquel rrio de Main de que ya se a hecho mención.
Desde este lugar despachó el Enbaxador al Juan Caruallo á Spahan, escriuiendo al rey y enbiandole las cartas de Su Magestad y su enbaxador dirigidas á fray Juan Thadeo, á quien tanbien escriuio para que diese las cartas y escriuiendo tanbien que las leyese como tan confidente suyo, aunque, como ya se a dicho, muy cierto de ser diligencia perdida como las demás que sobre lo mesmo se auian hecho.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VIII, pp. 418 – 423)
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